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Los problemas de sintonía de la agenda pública

Miércoles 13 de septiembre de 2017. Cómo se explicaba que un gobierno que en 2014 asumió con un enorme respaldo ciudadano, al poco andar se ubique como el peor evaluado desde el retorno a la democracia.

Nadie puede alegrarse porque a sus gobernantes les va mal, independiente del color político con que se identifique, porque cuando sucede, la pérdida de confianza afecta a las áreas sensibles del desarrollo y abre la llave de paso para que se contraiga la inversión, para encontrar trabajo, se relajan las reglas de la convivencia, se da paso a la incertidumbre y, con ella, a la inestabilidad social.

Hay muchas variables probables de este mal gobierno que pronto terminará, ninguna de ellas excluyente entre sí: falta de liderazgo, decisiones erráticas, pérdida de rumbo de la coalición gobernante, desgaste natural luego de tres décadas en el poder, asomos de corrupción, entre otras.

Pero hay una que personalmente me preocupa: la enorme falta de sintonía entre la agenda del Ejecutivo y la agenda común y corriente, esa que se construye a diario desde la familia chilena.

No hay que hacer grandes estudios: nuestros conciudadanos anhelan sobre todo, un empleo digno y estable para mantener el hogar; oportunidades para emprender; salud accesible; educación de calidad más allá de si es gratuita o de quien sea el dueño del colegio; tranquilidad y seguridad sin que a uno lo asalten en la puerta de la casa; un Estado protector de verdad de la infancia; y un envejecimiento digno.

Pero en cambio, el gobierno ha insistido majaderamente en imponer una agenda ideologizada, que no guarda relación alguna con las necesidades más apremiantes del país. Reformas que no cambian el fondo de las cosas pero que abultan la burocracia, desestabilizan la inversión, que no igualan, menos mejoran, la cancha de patinaje. Temas que no resuelven ni se acercan, ni en idea ni en resultado, a las urgencias del ciudadano común y corriente, ese que al final del día quiere llevar el pan a su casa. Una agenda que -peor aún- cuando surge un problema o cae en las encuestas, echa mano a heridas del pasado o a sensibilidades de las minorías para que desviemos la mirada, como si la crisis se resolviera con pan y circo.

…Ahí a mi juicio la causa de los males y la necesidad urgente de un cambio, como decimos muchos, hacia tiempos mejores.


Bernardo Berger Fett
Diputado de la República

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