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Discurso Proclamación Candidatura Sebastián Piñera

Santiago, martes 21 de marzo de 2017.

Este año 2017 será un año de grandes y trascendentes decisiones para el futuro de Chile y los chilenos.

El punto de partida es el mismo: el Chile de hoy. Pero el puerto de destino: el Chile que queremos, es muy distinto y significará un camino y futuro muy diferente para los chilenos.

El Gobierno de la Nueva Mayoría ha sido un mal Gobierno. Los chilenos lo han sentido y han sufrido sus consecuencias. Hago esta afirmación con dolor, convicción y argumentos.

Chile ha perdido su posición de liderazgo en América Latina. Mientras el mundo avanza, nuestro país se estanca. Prácticamente no crece y deteriora la calidad de los empleos. Los salarios y pensiones se frenan. La inversión, el ahorro y la productividad caen. La capacidad de innovar y emprender se asfixia. Las oportunidades y las seguridades se debilitan. Las tres reformas estructurales: tributaria, educacional y laboral, fueron mal concebidas, peor implementadas y han significado un grave daño y retroceso para Chile.

La delincuencia, la drogadicción y el terrorismo crecen. La calidad de la educación se estanca, la salud está en crisis. El Estado de derecho se debilita.

Pero hay algo aún más preocupante: la creciente pérdida del sentido de unidad nacional, del principio de autoridad y de la amistad cívica, el debilitamiento de la confianza en nosotros mismos y de la esperanza en el futuro. Una inmensa mayoría de chilenos piensa que este Gobierno está conduciendo a Chile por un camino equivocado, que el país está estancado o retrocediendo, lo que genera frustración y desesperanza en los chilenos.

Sin duda, la retroexcavadora ha hecho muy bien su trabajo de alta destrucción y nula creación. Y quitarles los patines a los niños y jóvenes ha significado arrebatarles parte de su futuro. La Nueva Mayoría prometió regalarnos el presente, pero en la práctica, nos está arrebatando el futuro. Ha creado derechos en el papel, pero los ha destruido en la realidad. Los que se dicen progresistas, están frenando el progreso del país.

Un buen Gobierno debiera escuchar a la gente y corregir el rumbo. Sin embargo, el Gobierno de la Nueva Mayoría no escucha ni rectifica, e insiste, con ideologismo y porfía, en profundizar un camino equivocado y perjudicial para los chilenos.

Hace 8 años, cuando presentamos al país nuestro Programa de Gobierno, recordamos las palabras del gran Enrique Mac Iver, quien en su famoso discurso histórico, cuando Chile se preparaba para celebrar su primer centenario, afirmaba: “Me parece que no somos felices”, y agregaba “la holgura se ha trocado en estrechez, la energía en laxitud, la confianza en temor, las expectativas en decepciones”. Y se preguntaba
“¿Qué ataja el poderoso vuelo que había tomado la República?”.

Hoy, y con buenas razones, los chilenos nos hacemos la misma pregunta: ¿qué pasó con la promesa de convertir a Chile en el primer país de América Latina desarrollado y sin pobreza?, ¿por qué crece la frustración, el pesimismo y la desesperanza? Ello no es un designio de Dios. Son las consecuencias de un mal Gobierno.

La elección presidencial y parlamentaria de este año será la gran oportunidad para que los candidatos y coaliciones propongan sus soluciones a los graves problemas del presente y sus ideas para aprovechar las oportunidades del futuro. Y para que todos los chilenos y chilenas participen, aporten, se comprometan y decidan.

Estoy convencido que Chile tiene dos grandes caminos: una opción es insistir, o incluso, profundizar el camino equivocado que el actual Gobierno está recorriendo. La otra opción es corregir los errores, recuperar el rumbo y reencontrarnos con el camino de la unidad y el progreso, creando oportunidades y seguridades para todos. Y también, exigiendo el esfuerzo de todos y sin olvidar ni dejar atrás a nadie.

En síntesis, en esta elección deberemos decidir entre avanzar o retroceder. Entre unidad o división. Entre diálogo o confrontación. Entre cambio o continuidad. Entre el Chile unido y desarrollado que queremos para nuestros hijos o el Chile dividido y estancado al cual nos conduce la Nueva Mayoría.

Esta es la gran decisión que tendremos que adoptar en estas elecciones, la cual marcará el rumbo de nuestro país por décadas. Por ello, Chile Vamos, y todos los que queremos un cambio, tenemos el deber moral de actuar con unidad y grandeza en la campaña presidencial y también en la parlamentaria.

Conozco y confío en la madurez y sabiduría de los chilenos. Sé que ellos saben que lo más importante en esta elección no son los candidatos, sino que el futuro de Chile y los chilenos. Estoy convencido que tomaremos la decisión correcta, superaremos este grave estancamiento y recorreremos juntos los caminos de la libertad, justicia y progreso para todos.

Antes de enfrentar los desafíos del futuro, permítanme recordar lo que juntos hicimos durante nuestro primer Gobierno. Nos tocó gobernar en tiempos muy difíciles. En medio de la grave crisis económica mundial del año 2009, recibimos un país en recesión, que en lugar de avanzar, retrocedía, con graves desequilibrios fiscales y macroeconómicos; y 12 días antes de asumir el Gobierno, Chile fue golpeado y devastado por el terremoto y maremoto del 27 de febrero del 2010, el quinto de mayor magnitud
en la historia conocida de la humanidad.

Tuvimos aciertos y errores. Por los errores, pido perdón. Por los aciertos, agradezco a mis compatriotas. A pesar de todas estas dificultades, no tenemos nada que esconder, pero sí mucho que mostrar. Pusimos de pie y en marcha a nuestro país: reconstruimos más del 98% de lo destruido por la catástrofe del 27F, rescatamos a nuestros 33 mineros, la economía volvió a crecer con fuerza, creamos un millón de empleos, mejoramos significativamente los salarios, recuperamos la inversión y los equilibrios macroeconómicos. Creamos el Ingreso Ético Familiar y redujimos la pobreza a la mitad, fortalecimos a la clase media y, aunque menos de lo que aspirábamos, y por lo tanto aún queda mucho por hacer, la delincuencia retrocedió y la seguridad avanzó.

La calidad de la educación empezó a mejorar, pasamos de 140 a más de 400 mil becas de educación superior, creamos 60 Liceos Bicentenario de Excelencia y mantuvimos al Instituto Nacional en su lugar de privilegio. Creamos la beca Vocación de Profesor, aumentamos el financiamiento y cobertura de la educación preescolar, establecimos el kínder obligatorio, extendimos la Subvención Escolar Preferencial a la enseñanza media. Mejoramos la calidad de la salud, construimos 27 hospitales, terminamos con las listas de espera Auge. Extendimos de 3 a 6 meses, y triplicamos la cobertura del Post Natal; otorgamos 800 mil viviendas y soluciones habitacionales e impulsamos, con el gran aporte de Cecilia, el exitoso Programa Elige Vivir Sano. Y algo que nos alegra y enorgullece, celebramos con unidad y amistad cívica el Bicentenario de nuestra Patria.

En síntesis, cumplimos con los chilenos y entregamos el 2014 un Chile mejor que el que recibimos el 2010.

La campaña presidencial no está empezando bien. Se ha instalado un ambiente de divisiones, descalificaciones, querellas y comisiones investigadoras, muchas veces sin fundamentos ni respeto por la verdad. Se está instrumentalizando a los organismos públicos, la Fiscalía y el Poder Judicial, para atacar a los adversarios políticos, aplicando aquello de “miente, miente que algo queda” y la regla del “todo vale”.

Este clima impide que se despliegue en plenitud lo esencial de una campaña presidencial, como los liderazgos, las ideas, las propuestas, las visiones de país y los proyectos de futuro.

Mi familia y yo hemos sido víctimas permanentes de esta inescrupulosa y a veces canallesca campaña sucia, orquestada y planificada por unos pocos, pero con el apoyo y complicidad de muchos. Sabíamos que la política es noble y dura. También, a veces sucia. Pero no anticipábamos estos niveles de odiosidad y mentiras. Les pido a esos pocos, que por decencia y nobleza, no utilicen a mi familia para atacar mi candidatura.

Este clima mal sano nos afecta y preocupa no solo en lo personal y familiar. Es malo para Chile por su perverso efecto en la amistad cívica, la calidad de la política y el prestigio de las instituciones. No hay democracia sana con política enferma. No hay políticas públicas buenas con política enferma. No hay economía sana con política enferma. No hay futuro promisorio con política enferma.

Por eso Gandhi decía: “No me asusta la maldad de los malos, me aterroriza la indiferencia de los buenos”. Aún estamos a tiempo de cambiar conductas y actitudes, de recuperar la amistad cívica y el valor y nobleza de la política. Y no nos engañemos, a esta causa, o contribuimos todos, o todos pagaremos las consecuencias.

Nosotros haremos una campaña limpia, positiva y con la verdad. Una campaña que deje huellas y no cicatrices. Los que quieran seguir en el barro, que asuman su responsabilidad.

Dios, los que participaron en nuestro Gobierno y los chilenos saben que durante los 4 años en que tuve el honor y privilegio de ser Presidente, trabajé sin descanso y hasta el límite de mis capacidades, con un solo norte y objetivo: hacer de Chile un mejor país, para que todos los chilenos tuvieran una vida más plena y más feliz. Nunca, nada ni nadie, me desvió ni me desviará de este camino.

Con respecto a la administración de mi patrimonio, como candidato, y si soy elegido Presidente, cumpliré estrictamente con la exigente ley de probidad pública recientemente aprobada. No participaré en la administración ni gestión de ninguna empresa y tomaré todas las medidas necesarias, incluso yendo más allá de lo exigido por la Ley, para separar totalmente mi rol de Presidente y abandonar cualquier legítimo interés de naturaleza privada, de forma de asegurarles a mis compatriotas que mi única motivación como Presidente, ha sido, es y será, dedicarme en cuerpo y alma, destinando todos mis esfuerzos y capacidades, a resolver los problemas, crear oportunidades y mejorar la vida de todos los chilenos. Más adelante daré a conocer los caminos a seguir en esta materia.

La decisión que he tomado junto a mi familia no ha sido fácil. Después de una vocación académica y empresarial, de la cual me siento muy agradecido y orgulloso, he dedicado casi la totalidad de los últimos 30 años de mi vida al servicio público. Junto a mi familia, hemos formado fundaciones como Fundación Futuro, Chile Vive Sano, Tantauco y Avanza Chile. Y desde el plebiscito de 1988, que abrió las puertas a una transición ejemplar a la democracia, he participado en política, como Senador de la República, Presidente de Renovación Nacional, dos veces candidato a la Presidencia, y finalmente, como Presidente de Chile.

A pesar de todas las incomprensiones y sacrificios de la política, como mis padres me enseñaron, el servicio público es noble y hermoso, y vale la pena dedicarle lo mejor de nuestras vidas.

Por todas estas razones hoy anuncio mi decisión de postular nuevamente a la Presidencia de la República. Lo hago con entusiasmo y humildad, con confianza en Chile y los chilenos, y con fe y esperanza en el futuro. Dada la difícil encrucijada que vive Chile y la importancia decisiva de esta elección para los chilenos, siento que mi deber es asumir este liderazgo y desafío.

Amigas y amigos, este desafío no puedo enfrentarlo solo. Los necesito a todos ustedes. Por eso, en esta campaña los convoco a recorrer Chile, a compartir con todas las familias, a escuchar a nuestros compatriotas y a conquistar, con nuestros valores, con nuestras visiones y con nuestros proyectos de futuro, y siempre con optimismo y con la verdad, una mayoría de mentes, manos, voluntades y corazones de chilenas y chilenos, para ganar esta elección presidencial y cambiar el rumbo de Chile.

Gobernar Chile nunca ha sido fácil y será más difícil aun. Tendremos que actuar con unidad y responsabilidad. Deberemos desterrar la demagogia, la improvisación y el populismo. Como candidato no prometeré lo que sé que no podré cumplir, aunque ello signifique perder votos. Como Presidente, haré todo lo humanamente posible por cumplir lo que prometí. Respetaré los derechos de todos, y también, exigiré los deberes de todos.

A pesar de estas graves dificultades tenemos fe en Chile, confianza en los chilenos y esperanza en el futuro. Sabemos que todos juntos podremos escribir las páginas y recorrer los caminos de un mejor futuro para todos los chilenos.

Quisiera compartir con ustedes los principios, prioridades y contenidos básicos de nuestra propuesta. Como Presidente, me esforzaré por promover, compatibilizar y proteger tres principios básicos: la libertad, la justicia y el progreso. Libertad significa permitir que las personas sean los principales arquitectos y protagonistas de sus propias vidas y futuro. La justicia exige terminar con la pobreza, actuar con mayor solidaridad, garantizar la dignidad y derechos de todos, lograr mayor igualdad de oportunidades, terminar con los abusos y discriminaciones y garantizar la plena igualdad ante la ley. El progreso significa crear oportunidades para que todos puedan desarrollar sus talentos, cumplir sus proyectos de vida y realizarse como personas.

Cada uno de estos principios debe ser defendido. Porque cada vez que alguno de ellos se ha subordinado o rendido frente a los otros, el resultado ha sido desastroso.

Además, estos principios los promoveremos en un marco de respeto por otros valores esenciales, como el valor de la vida y dignidad de todas las personas, el valor de la familia como el lugar privilegiado para que las personas nazcan, se quieran, se formen, se eduquen, se protejan y aprendan a vivir en sociedad. El valor del orden y la seguridad. El respeto entre hijos y padres, entre alumnos y profesores, entre ciudadanos y autoridades. El valor del trabajo bien hecho. El necesario equilibrio entre los derechos y deberes y la protección de nuestra naturaleza.

Para ello promoveremos un equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado. Respetaremos y protegeremos los derechos de las minorías, pero también los de las mayorías, y no confundiremos lo público, que nos interesa a todos, con lo estatal, que es resorte del Estado. El Estado no existe para asfixiar, amenazar ni restringir arbitrariamente nuestras libertades, sino que para promoverlas, engrandecerlas y protegerlas.

Las prioridades de nuestro futuro Gobierno serán las prioridades de la gente: la solución de sus problemas, la promoción de sus sueños, el aprovechamiento de sus oportunidades, el mitigamiento de sus temores y la búsqueda de su felicidad. Para ello, nuestro futuro Gobierno mantendrá lo bueno y corregirá lo malo que ha hecho el Gobierno actual. Pero no se confundirá y pondrá su corazón y compromiso en avanzar en las siguientes y urgentes prioridades:

1. Volver a crecer y crear empleos, porque no hay mejor política de desarrollo que el crecimiento, ni mejor política laboral que el pleno empleo.

2. Hacer de Chile un país más seguro, enfrentando con coraje y decisión la delin cuencia, el narcotráfico y el terrorismo, apoyando a nuestros policías, para que los chilenos puedan vivir con mayor paz y seguridad.

3. Darle a nuestros niños, jóvenes y trabajadores la educación y capacitación de calidad que necesitan en el siglo 21. Fortaleceremos la libertad de enseñanza y devolveremos a los padres su derecho a elegir y aportar voluntariamente a la educación de sus hijos. En lugar del Estado Docente, que intenta monopolizar la educación, promoveremos una Sociedad Docente, en que tanto el Estado como la sociedad civil hagan su aporte a la educación de nuestros hijos, asegu rando que ningún joven con talento y voluntad se quede fuera de la educación superior por falta de recursos y que ninguna familia vea transformado el sueño de un hijo profesional en una pesadilla por deudas excesivas.

4. Superar la actual crisis de la salud en Chile, mejorando la calidad de la atención, la infraestructura, formando o trayendo más médicos especialistas, terminando con las listas de espera por enfermedades Auge, reduciendo el precio de los medicamentos, promoviendo una cultura de vida sana y respetando la libertad de elegir de las personas.

5. Mejorar las pensiones y la integración de nuestros adultos mayores, a través de una política de envejecimiento positivo.

Hoy Bolivia presentó su réplica ante la Corte Internacional de la Haya. Como Presidente de Chile, defenderé como siempre, con toda mi voluntad y la fuerza de la historia y la ley, la soberanía y el territorio de nuestro país.

Adicionalmente, nuestro Gobierno asumirá con decisión y urgencia los grandes desafíos de fortalecer nuestras regiones, proteger a nuestros niños, integrar a los inmigrantes que vengan a integrarse, mejorar la calidad de vida de las ciudades, recuperar los espacios públicos, lograr plena igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres y crear oportunidades y seguridades para nuestra gran clase media.

También, deberemos enfrentar la revolución tecnológica, el cambio climático, la nueva globalización, la modernización del Estado y el desarrollo sustentable, así como la mejoría de la calidad y prestigio de la política y nuestras instituciones.

Tenemos que desterrar la cultura del “cada día puede ser peor”. Ello solo ocurre cuando se hacen las cosas mal. Chile ha demostrado ser un país resiliente frente a los desastres de la naturaleza, pero muy vulnerable ante los malos Gobiernos. Es verdad que la buena política puede mejorar la calidad de vida de los chilenos, pero es aún más verdad, que la mala política la puede arruinar. Aún quedan muchos “mineros rezagados” por rescatar en nuestra sociedad, y para ello necesitamos un buen Gobierno.

Antes de terminar estas palabras quiero agradecer a los millones de compatriotas que nos han acompañado y apoyado en los desafíos que hemos enfrentado y enfrentaremos. A los que nunca han perdido la fe en Chile, a quienes se esfuerzan todos los días por sacar adelante a sus familias, a esos héroes, como son nuestros bomberos y brigadistas, que no dudan en arriesgar sus propias vidas por combatir los incendios y salvar las nuestras. También a quienes nos han apoyado con un abrazo cariñoso, una crítica constructiva, una idea interesante, una palabra inspiradora, o simplemente, con una sonrisa acogedora. Quiero agradecer también a los partidos políticos que nos acompañan, por su gran aporte a nuestro primer gobierno y por su enorme aporte en ideas y compromiso con los actuales desafíos.

Quiero simbolizar este agradecimiento en Alejandra Bravo, Presidenta del PRI, Jacqueline Van Rysselberghe, Presidenta de la UDI y Cristián Monckeberg, Presidente de Renovación Nacional y en todos los dirigentes, militantes y simpatizantes de Chile Vamos. Y también, porque esta campaña irá más allá de Chile Vamos, recibimos con los brazos abiertos a los ciudadanos independientes, a quienes en el pasado no nos han acompañado y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, con los cuales conformaremos esa gran mayoría de chilenos que quiere, merece, necesita y está dispuesta a luchar por un cambio, que nos permitirá recuperar la senda del progreso.

Quiero agradecer muy especialmente a mi familia. A mis hijos, por soportar con coraje y entereza los ataques injustos. A mis nietos, por iluminar mi vida. A Cecilia, mi mujer de una vida, a quien además de querer por su bondad, belleza y ternura, no puedo sino admirar por su lealtad, compromiso y valentía. A Winston Churchill le preguntaron alguna vez qué había sido lo más importante de su vida y él respondió: “Convencer a mi mujer que se casara conmigo”.

Amigos y Amigas:

Ustedes me conocen con mis virtudes y defectos. Soy un hombre de familia. Mis padres me inculcaron el amor por Chile, por el trabajo bien hecho. El valor de la libertad, la tolerancia, la rectitud y la responsabilidad. Y también, a apreciar los aciertos y virtudes de mis adversarios, a aprender de mis errores y a sacar fuerza de mis dolores.

Soy demócrata y siempre he luchado y lucharé por los valores de la libertad, la democracia y el respeto de los derechos humanos, donde quiera ellos sean pisoteados. Creo en la libertad y dignidad de todas las personas para forjar su propio futuro, y que los gobiernos están para protegernos y ayudarnos, pero no para dirigir ni asfixiar nuestras vidas. Creo en la justicia y la solidaridad. Creo en el progreso y la creación de oportunidades. Creo en Chile y los chilenos. Y por sobre todo, creo en Dios y en su infinita sabiduría y misericordia.

Por eso, al igual que hace 8 años atrás, esta noche quiero pedirle a Dios que nos dé a todos la visión para encontrar el buen camino, la voluntad para recorrerlo sin desvíos, la fuerza para superar los obstáculos, la solidaridad para incluir a todos y el coraje para ponernos de pie cuando tropecemos.

Amigas y Amigos:

El Padre Hurtado decía que la patria era una misión a cumplir. Esa es hoy nuestra misión. Construir una patria grande, justa y buena para todos. Hagamos un buen Gobierno y los tiempos serán mejores para todos.

Sabemos que nunca la noche está más oscura que justo antes de amanecer. Y en Chile ya vislumbramos los primeros rayos de sol. Arriba los corazones porque vienen tiempos mejores.

 

 

 

 

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